La ola más grande del mundo

Falta poco para el Pantín Classic y mi escondido «mono surfero» empieza a aflorar. Y es que hay pocas cosas que te den una sensación similar a la de estar encima de una ola, sea con tabla o corcho. Pues hoy va de olas, concretamente una de 19 metros de altura.

Rompe tres o cuatro veces al año en la costa de Maui, en Hawai. Jaws (mandíbula) nace en Japón y convoca a los surfistas más arriesgados y a los videoaficionados más exigentes. Es tanta su fuerza mediática y deportiva, que dio origen a un nuevo deporte: el tow surfing.

El 19 de noviembre pasado estremeció a la isla de Maui cuando se elevó hacia el cielo, traslúcida y azulina, con quince metros de altura. Un mes y cuatro días después, alcanzó los diecisiete. Y el 3 de enero del 2002 superó todos los récords: Jaws, la ola más poderosa del mundo, rompió en su lugar acostumbrado, las costas norte de Hawaii, con 19 metros de altura y 200 metros de ancho. La mayor medición de una ola en la última década. Mientras la tierra y el mar de Maui retumbaban ante este impactante desborde de la naturaleza, el fotógrafo chileno Benjamín Iglesis disparaba como un loco a bordo de una moto de agua construida especialmente para perseguir a Jaws. A los 32 años, Iglesis se ha hecho famoso en el mundo por lograr las tomas más espectaculares de muchos deportes extremos. Ahora, a partir del 29 de abril, mostrará sus fotos en la Galería La Sala. Jaws llega a Maui todos los años entre noviembre y enero.

Nadiesabe exactamente qué día ni a qué hora, porque para que rompa en toda su magnificencia tienen que coordinarse con precisión de cirujano, corrientes, mareas, temperaturas, vientos y rotación de la tierra.

Esta imponente mandíbula hawaiana representa el sueño pero también la frustración de todos los surfistas del mundo. Son contados con los dedos los deportistas que pueden enfrentar este peligroso monumento: las equivocaciones con Jaws no dejan sobrevivientes. Iglesis, que conoce bien a los valientes que sí se atreven, cuanta que éstos tienen que prepararse todo el año. A la larga – cuando uno ya entró en la pasión es imposible soltarla – , la preparación se vuelve una tarea de por vida. Cualquier entrenamiento es poco: caer de la ola puede significar ser arrastrado 20 o 25 metros bajo el agua durante más de un minuto. Por eso son muy estrictas las exigencias y no se admiten principiantes.

Lasmedidasde protección también son rigurosas. Correr Jaws significa varios barco guardacostas vigilando la zona con salvavidas especialmente entrenados. También por lo menos unas seis u ocho motos de agua en las cercanías con la misión de acercarse al menor traspié de algún participante.

Si alguien llegara a caer no hay más de diez segundos de tiempo para sacarlo del agua. Más allá difícilmente se sobrevive. Hasta ahora no ha habido nunca un accidente serio entre los profesionales que surfean Jaws. De ser así, dice Benjamín Iglesis, Hawaii ya habría cerrado el lugar y prohibido el desafío.

Señores, aquí presentamos a la ola más grande jamás generada en el océano:

Vía activania.